miércoles, 20 de noviembre de 2013

Una manzana envenenada


En la conferencia política del PSOE de la semana pasada un grupo de militantes propuso, entre otras cosas, el contrato único. El PSOE decidió no aceptarlo porque es una manzana envenenada.



Una manzana envenenada es el nivel de temporalidad que padecen los trabajadores españoles. La temporalidad media de la UE llegó a su máximo en 2007: 14,6%. La mínima española ha sido este año: 22,12%; para conseguir esta bonita cifra fue necesario realizar un ingente esfuerzo despidiendo a millones de trabajadores temporales.

En España, por tipo de ocupación los profesionales de nivel medio (excluidos directores y gerentes) son los que gozan de la temporalidad más baja: 19%; muy superior a la media de la UE. En España, los profesionales científicos y técnicos tienen una temporalidad del 24%; el doble que los profesionales científicos y técnicos europeos y superior a la de los empleados en ocupaciones elementales de la UE que es del 23%. Nuestros científicos tienen trabajos más precarios que los empleados en ocupaciones elementales de la UE. 


Este demencial nivel de temporalidad no está causado por el modelo productivoTodo parece indicar que es más bien al contrario: la facilidad para hacer contratos temporales que se deshacen con la misma facilidad favorece actividades en las que la temporalidad no es un problema y por ello abundan las empresas que saben explotar esa peculiar característica de nuestra legislación laboral: construcción, turismo de borrachera, etc.

Si queremos cambiar el modelo productivo y fomentar actividades con mayor valor añadido no podemos mantener regulaciones que incentivan la inversión en actividades como estas. Ese nuevo modelo productivo es totalmente incompatible con el empleo precario, con trabajadores que no se forman porque saben que su contrato tiene fecha de caducidad y con empresarios que no están interesados en formarlos porque un día les será más rentable despedirlos que convertir su contrato en indefinido. 

Ya hace un tiempo que para acabar con esta situación desde diversos ámbitos se ha propuesto como solución la introducción de un contrato único con indemnización creciente, propuesta que ha conseguido unir a tirios y troyanos en su contra, usando argumentos que en muchos casos son falsos. No es cierto que el contrato único impida la tutela judicial. No es cierto que el contrato único vulnere la Constitución. No es cierto que el contrato único abarate el despido. No es cierto que el contrato único convierta a todos los trabajadores en temporales. Aquí una explicación.

Sí es cierto que el contrato único es una manzana envenenada. Envenenada para las grandes empresas que tan bien se mueven en la maraña regulatoria actual, la cual es un problema para los nuevos empresarios y que sirve para limitar la competencia. Envenenada para los empresarios que tan bien han sabido explotar la precariedad montando negocios basados en ella. Envenenada para despachos de abogados, gestores, etc. que son imprescindibles en la jungla contractual. Una manzana envenenada para todos aquellos que han hecho de la precariedad su forma de vida o se han beneficiado de ella.

Ha bastado que hayamos tenido un par de datos de empleo que no son desastrosos para comprobar que volvemos a las andadas: solo se crea empleo precario. Ese empleo que perpetúa el modelo productivo que queremos cambiar y que facilita que las empresas cuando llegan las primeras dificultades se adapten mediante el despido masivo de temporales. Aún no vemos la luz al final de túnel, pero ya vemos que estamos poniendo las bases para que vuelva a pasar lo que ya pasó. En octubre (datos del SEPE), se firmaron 79.360 contratos indefinidos, se convirtieron en indefinidos 39.410 y se firmaron 1.463.630 contratos temporales. Para todos los trabajadores que firmaron uno de estos contratos sin futuro que tienen una duración media de 2 meses, el contrato único no sería una manzana envenenada. Para todos aquellos que tienen ínfimas posibilidades de encontrar un empleo indefinido y para los que tienen muchísimas posibilidades de perder su empleo temporal, el contrato único no sería una manzana envenenada.

Ahora parece que el extraño consenso general que se formó en contra del contrato único empieza a resquebrajarse. Una parte pequeña (pequeña, de momento) del PSOE propuso el contrato único en su conferencia política. PIMEC ya lo defiende, aunque lo hace con una formulación que en su día se consideró inconstitucional por no distinguir entre despido procedente e improcedente, lo cual hizo que Fedea modificará su propuesta inicial y estableciera dos escalas de indemnización

Creo que en CCOO deberíamos olvidarnos de quién hizo la propuesta del contrato único y analizarla objetivamente. Estudiar si contribuiría a reducir la dualidad y la precariedad; analizar a quién perjudicaría y a quién beneficiaría y qué consecuencias podría tener sobre nuestro modelo productivo; cómo influiría en la formación continua de los trabajadores; si les daría más o menos estabilidad; si daría más confianza a las empresas para contratar; si aumentaría la seguridad en las relaciones de trabajo; si podría contribuir a disminuir nuestro paro estructural; etc. Estoy seguro que la respuesta a estas cuestiones debería llevarnos a defender el contrato único con indemnización creciente. Además, si se implanta con la participación de CCOO, será muchísimo mejor que si finalmente se acaba imponiendo una propuesta como la de PIMEC. Espero que no nos quedemos colgando de la brocha.


Actualización 24-11-13

1- Jonás Fernández propone mantener el contrato indefinido actual y crear un único contrato temporal con costes de despido crecientes: con esta formulación se mantiene el contrato indefinido y se mejoran las condiciones de todos los temporales.

2- El Gobierno prepara una “segunda ronda” de la reforma laboral . Según parece, entre otras cosas, quieren ampliar el contrato con despido libre y gratuito durante el primer año. Ante esta “segunda ronda” podemos hacer lo que ya hicimos y fracasar como ya fracasamos o proponer una alternativa que no puede ser volver a la regulación anterior: el gráfico de Kiko Llaneras es de 2007, antes de la reforma.


No podemos desperdiciar más energías con propuestas inviables ni con acciones inútiles para luego decir, triste consuelo, que no fue culpa nuestra e hicimos lo que pudimos. Nuestras reivindicaciones han de ser concretas y posibles y mejorar las condiciones de vida de la mayoría de los trabajadores: el contrato único con indemnización creciente cumple todos esos requisitos.



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